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Roma

Dejando atrás Alejandría, llegué finalmente hasta la capital del imperio, navegamos el río Tíber hasta alcanzar la urbe imperial.

Roma estaba aparentemente libre de la influencia Notola, lo cual me dejó sorprendido, pues ni siquiera en Egipto, donde contábamos con el apoyo del faraón para llevar a cabo nuestra labor protectora, estuvimos libres de la influencia Notola al completo.

Sin embargo, la capital imperial estaba completamente libre, por ello decidí investigar, ya que no podía tratarse de una simple casualidad, un imperio tan grande, con una extensa red comercial, y siendo la capital, donde el flujo de comerciantes era enorme, sería un lugar más facilmente influenciable.En mi búsqueda, encontré a un Dotado: Un sacerdote de Júpiter, el cual quedó enormemente sorprendido al verme. Hicimos amistad rápidamente, y compartimos viviencias. A él, Claudio, le apenó el saber lo ocurrido en Egipto y Alejandría, pero su posición le impedía poder ayudar, ya que él estaba encargado de la seguridad de su ciudad.
Intrigado por la seguridad, pregunté cómo había logrado la proeza de asegurar un territorio como era la capital y me descubrió el secreto: En la ciudad residían un total de diez Dotados y uno de ellos era el mismísimo emperador Marco Aurelio. Los diez trabajaban codo con codo para proteger la ciudad, ostentando cada uno un puesto diferente, desde el sacerdote y el emperador, hasta el prefecto o el estribador. Posicionados cada uno en un lugar estratégico, se podía combatir la amenaza antes incluso de que llegara. Claro que, esto se reducía a la ciudad de Roma exclusivamente, puesto que en el resto del imperio sí que había una gran influencia Notola, tanto que incluso se estaba librando la Guerra con Partia, donde el Imperio Parto estaba liderado por un Notola.

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Además, en la ciudad moraban dos Rho: Júpiter y Marte, ambos de gran poder que habían ayudado a luchar contra los Notola. Como contraste, también habían Notola en la ciudad, claro que, estaban encerrados en objetos, estos eran Cronos, atrapado en una antigua espada de bronce, traída desde tierras griegas, concretamente Esparta y Atlas, atrapado en una estatuilla en forma de búho, también traído desde tierras griegas, concretamente Atenas y, según afirmaban, el Rho Atenea, junto a los dotados griegos, fueron quiénes lograron tal hazaña.
Estos objetos eran custodiados por el mismísmo emperador en conjunto con Júpiter y Marte , evitando que el tiempo dañara en exceso estos objetos y los Notola escapasen. Por otro lado, me habló de cómo aquella civilización, con la que nunca tuve contacto, los griegos, preferían encerrar, en vez de combatir a los Notola y que, debio a esto, muchos Notola de gran poder estaban ocultos en las tierras griegas, atrapados en su prisión, aguardando el momento de que el mundo exterior rompiera su prisión o el Dotado que los encerró muriera. Por ello, el emperador había llevado a cabo, de forma secreta, varias misiones con el objetivo de encontrar estos objetos y custodiarlos en Roma, pero sin más fortuna que aquellos dos que ya poseían.
Tuve la fortuna de conocer al Emperador.
Marco Aurelio, no solo era un Dotado, además era un gran filósofo, no pude decir que entablé una amistad tan profunda como con Claudio, pero el joven emperador me inspiraba la suficiciente confianza como para hablarle de mi pasado.
Este se sorprendió de mi edad ya que, yo mismo era una parte de la historia viviente, testigo del levantamiento de Egipto y su evolución a través del tiempo. El emperador me acogió en su hogar como uno más, donde dediqué  mi tiempo a copiar mis escritos.

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La situación del imperio se agravó con en el transcuro de la guerra contra el imperio Parto, el Notola pudo lanzar un ponzoñoso conjuro contra las tropas romanas, trayendo la peste al imperio. La llamaron la Plaga Antonina, que resultó una pandemia inontrolable en el imperio que además se cobró siete de las diez vidas de los dotados de la ciudad.
Paralelamente el emperador tuvo que abandonar la ciudad para proteger el frente germánico, dejando a Claudio y a otro Dotado más para custodiarla. Yo pretendía quedarme en Roma y colaborar en su protección, pero el emperador me encomendó otra misión.
Viajar a Hispania, la península llevaba demasiado tiempo sin la protección de un Dotado, y dada mi basta experiencia, era el hombre perfecto para llevar a cabo tal tarea. 
No tuve opciones, el emperador no me lo pidió como un favor, si no como un deber. Nuevamente con deber que cumplir, abandoné Roma, con la esperanza de volver a reunirme con Claudio algún día. Tomé un barco y marché hacia Hispania.

Nammu

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Historia creada por: becro

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