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Partida de Egipto

En mi vida de sacerdote, no hubo nunca un faraón dotado, al menos hasta la llegada de Cleopatra.
Previo a esto, los sacerdotes servíamos al faraón incondicionalmente, asesorándolo en cuestiones extrasensoriales. Nunca puso en duda nuestra palabra, ya que faraón tras faraón, contemplaban por experiencia propia, la realidad de la amenaza que se cernía sobre el reino. 
Resulté ser un Dotado sobresaliente, tanto que el propio faraón me encomendó la tarea de custodiar el templo de Ra en Heliópolis, un enorme honor para alguien joven como yo. 
Nuestra labor como sacerdotes era sencilla, en lo que a vista pública parecía, nos encargábamos de realizar ofrendas a los dioses y nada más.
Pero la realidad era mucho más compleja. Cada templo, custodiaba un Rho, en mi caso al Rho que se hacía llamar Ra. En efecto, nuestros dioses, eran entidades de Rho, pero esta verdad, solo fue conocida por nosotros, los Dotados.
Extraoficialmente, los sacerdotes nos encargábamos de la protección del reino, junto a los Rho, combatíamos a los Notola que pretendían atacarnos.
El sistema funcionaba, principalmente porque contábamos con el apoyo del poder político, el cuál nos permitía ciertas libertades para llevar a cabo nuestra labor.
Estos privilegios comenzaron a marchitarse con la anexión de Egipto a Roma y con el reinado de Ptolomeo I Sóter, el cuál no creía nuestras palabras y pensó que unicamente buscábamos poder.                                                                               

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Esto fue debido al culto de Amón, y esto es algo realmente curioso, desconozco de dónde surgió este culto, Amón no era un Rho conocido, tampoco era un Notola, tal vez una mera invención del hombre, fuera como fuese, el culto de Ra cesó, dando dicho título a Amon, que ocmenzó a llamarse Amon-Ra. Claro que aquello no cambiaría mi vida directamente, yo sería conocido como uno de los pocos sacerdotes que aún adoraban a Ra, pero poco más.El enorme crecimiento del poder del culto a Amón provocó un debilitamiento en las relaciones con la casa real ya que, aquellos sacerdotes llegaron a acumular tanto poder y riquezas, que opacaban incluso al Faraón, hasta tal punto que, cuando Cleopatra nació, no nos dejó relacionarnos con ella. Esto supuso un gran problema, pues la heredera, había nacido Dotada.
Para nosotros fue un motivo de festejo, al fin una líder con la capacidad de defender su reino de las sombras. Los sacerdotes nos reunimos para debatir acerca del futuro de Cleopatra, con un buen entrenamiento y una educación correcta, podríamos tener una gobernante eterna que protegiera nuestro mundo de las sombras para siempre. Pero su padre nunca nos permitió tener audiencias con ella.
Nosotros, sin la posibilidad de poder tener contacto con ella, nos limitábamos a vigilarla en la distancia.
Pero un día la desgracia se cebó con ella.
Tuvo que exiliarse junto a su padre en Roma, tras una revuelta iniciada por su hermana Berenice IV.

                                                                                           

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Ella había sido influenciada por los Notola, todos los intentos de casamiento con ella fueron vanos. 
Decidimos tomar cartas en el asunto.
Movimos todas nuestras influencias para ayudar a Ptolomeo a recuperar su trono, con la esperanza de que este nos permitiera volver a tener la cercanía y confianza de la que habíamos gozado en el pasado. Sin embargo, una vez logramos derrotar a Berenice, Ptolomeo nos expulsó de su palacio, y lo que fue peor, la misma sombra que acechó a Berenice, ahora, acechaba a Cleopatra.

El faraón falleció, y su hija tomó el poder, ahora con una gran influencia de los Notola, nuestro mayor temor se había hecho realidad.
Estalló una guerra civil, Cleopatra, en las sombras, estaba reuniendo exclusivamente a personas afectadas por la influencia de los Notola, cosa que a nosotros, aún sin saber sus propósitos, nos preparábamos para lo peor.
El caos infestó todo el imperio romano las guerras civiles se sucedían una tras otra, la inestabilidad política devoró la republica Romana.
Cleopatra se alió con Marco Antonio, otro dotado que había sido infuenciado por los Notola, sin embargo no lograron obtener el poder político que tanto ansiaban.
Octavio, el primer emperador Romano, declaró la guerra a Cleopatra y Marco Antonio. Desesperados, estos decidieron usar el poder de los Notola para acabar con las tropas de Octavio, y desataron un conjuro nunca antes visto.Cleopatra usó sus habilidades para convocar el Notola que al influenciaba, Apofis, el gran enemigo de Rha.

                                                                                             

 

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En principio, esto no resultaría una gran amenaza, pues, un Notola no sería capaz de derrotar a todos los sacerdotes y los Rho que nos apoyaban, sin embargo, Cleopatra, o más bien Apofis llevaba tiempo hilando su plan.
Todas las tropas bajo el dominio de la reina, habían sido seleccionadas por su fuerte influencia Notola. Apofis drenó toda la energía de todos los afectados, incluido Marco Antonio. Apofis alcanzó un poder enorme, nunca antes visto en un Notola, el llamado nivel Elder.
Todos los sacerdotes y los Rho nos unimos para detener a la bestia, mientras nosotros librábamos la batalla con las sombras, Octavio derrotaba a Cleopatra y su flota.

La batalla fue atroz. Todos los sacerdotes murieron, todos los Rho murieron, incluido mi buen amigo Ra, y me encontré frente a frente con Apofis, superado por completo por su poder.
Incapaz de enfrentar a semejante bestia, pero sabiendo del terrible caos que desataría si lograba escapar, decidí jugarlo todo a una última carta.
Aproveché el amuleto de Ra que llevaba sobre mi cuello, y sellé a la bestia en él.
Quizá Apofis no murió, pero al menos estaba contenido en mi amuleto, aunque sabía que aquella prisión era demasiado frágil como para contenerlo en el tiempo, y que un simple golpe podría romper la fragilidad del contenedor o incluso si mi vida llegaba a su fin, la bestia sería libre.

Sabía que no podía llevar conmigo el amuleto, demasiado peligroso como para estar al alcance de alguien.

 

 

                                                                                             

 

                                                                                           

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Volví al templo de Ra, y ordené construir una segunda cámara en el interio del templo, donde oculté el amuleto. Decidí sellarlo con magia para alejar a los Notola y con grandes ladrillos para alejar a las personas y guardé todas mis esperanzas en que nadie lo encontrara jamás...

Ahora, con todos mis compañeros muertos, con los Rho destruidos, sin nada que poder hacer, con un reino que ahora no era más que una provincia de un imperio, decidí abandonar mi hogar, ya no había nada para mí en Egipto.

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Historia creada por: becro

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