

Alejandría
Con todo perdido, y sin nada que me atara a mi tierra natal, decidí abandonar Egipto. Aquel reino, que antaño brillaba por su gran explendor, no era más que una mera sombra de lo que fue.
Con todos los Rho caídos tras la batalla contra Apofis, en la tierra bañada por el Nilo no quedaba esperanza.
En mi hogar ya no me quedaba nada por lo que seguir allí, ni familia, ni amistades, ni el deber.
Decidí pues, viajar a Alejandría, dedicarme a la traducción, en su biblioteca. De este modo tendría acceso a nuevos conocimientos, y aprendería más sobre los Notola
Dada mi posición de sacerdote, disponía de los fondos suficientes para costearme todo el viaje, manteniendo ciertos lujos.
Con todos los cabos atados, y tras fingir mi propia muerte, abandoné Heliópolis para no volver jamás.Llegué a Alejandría, era la primera vez que llegaba a la ciudad, nunca tuve la necesidad de abandonar mi hogar, ni tampoco la libertad de dejar de mi deber con el reino, pero ahora todo había cambiado, dejaba atrás una parte de mí.
Dispuesto a acumular cuanto conocimiento pudiese marché hacia la biblioteca, fundada por Alejandro Magno, un hombre increíble por lo que contaban de él, aunque nunca tuve la fortuna de conocerlo, pero la historia hace honor a sus hazañas.
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La biblioteca había sido construida con la intención de convertirla en la cuna del conocimiento de la humanidad, sin importar la cultura de su procedencia, sin importar el reino del que procediera su escritor, una utopía del conocimiento.Quedé maravillado con aquel edificio, tan imponente, y amplio. En su interior, cientos de escribas continuaban con sus trabajos de traducción, en salas de gran amplitud, llenas de estantes donde dormían los papiros.Pero por desgracia, la guerra había hecho perder miles de manuscritos que nunca podré saber sobre sus palabras.
Parte del conocimiento de la humanidad perdido, tal vez para siempre.
Dada mi gran edad y de todo el conocimiento del que disponía, así como saber leer y escribir, se me permitió acceder a cuántos pergaminos necesitase, y así estuve durante años, haciendo de escriba, leyendo y copiando todos los pergaminos que pude.
Puedo decir que mi estancia en Alejandría fue agradable, llevé una vida sencilla, alejado de mi deber si, imponiendo uno nuevo: Preservar el conocimiento y transmitir el que yo sabía. Escribí alrededor de mil papiros en el tiempo que estuve allí y copié cuantos pude, dejé constancia de conocimientos
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matemáticos, históricos, dejé escrito cuanto supe de Rho y Notolas y escribí de cómo entrenar el cuerpo y la mente para dominar la energía, por si algún dotado, tras su despertar encontraba aquellos escritos.
Llevé a cabo esta labor hasta el siglo II, sin embargo mi tarea se vería interrumpida, por mis viejos enemigos, los Notola.
El judaísmo fue, otra invención Notola de control de masas. La guerra de Kitos, orquestada por los Notola, provocó que los rebeldes judíos atacaran parte de la urbe.
Aunque no fui capaz de localizar al Notola que manejaba los hilos de este plan, pude ayudar a sofocar la rebelión, sin embargo, la influencia Notola en la ciudad había aumentado enormemente, y al no poder encontrar al Notola dirigiente, mi vida comenzó a peligrar. Cada vez tenía más enemigos en la ciudad, me vigilaban, me espiaban, algunos hasta atentaban abiertamente contra mi vida (teoricamente por adorar un dios falso) y finalmente me vi obligado a abandonar Alejandría.
Desde el puerto, y cargado con cientos de pergaminos, embarqué hacia Roma.
Nammu