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Britania

A mi llegada a Britania, nos encontramos un panorama de inseguridad. Los campamentos romanos situados a los largo del territorio, libraban encarnizadas batallas contra los nativos del lugar, los Britanos.
Estos defendían su territorio con ferocidad, y, a pesar de sus esfuerzos, no lograban expulsar a los romanos de sus tierras.
Por el lado romano, se habían destinado muchas tropas y recursos a aquellas tierras para conquistar la isla.

El general y yo nunca nos llevamos bien. Era un hombre demasiado militar, poco le importaba más que la guerra, era monotemático, no se podía hablar con él de otra cosa que no fueran campañas militares, o estrategias a seguir, y yo, siendo aparentemente un escriba para él, no hacía nada relevante allí.

"Necesitamos soldados, no poetas" decía constantemente dirigiendóse a mí.

Claro que yo también tenía mis argumentos en contra suya, pues a su llegada a Britania tomó zonas donde moraban los druidas, y a su pequeño nivel de entendimiento, no podría comprender que aquellos druidas, en realidad Dotados, protegían a todos de las fuerzas del mal. En aquel momento, y sin saberlo condenó a Britania.

El general llevó a cabo siete campañas exitosas en la isla y fue designando como gobernador de Britania.
A pesar de ello, eran muchas las tribus que resistían al control romano.
Entre estas tribus, pude localizar un druida, Merlín.

Merlín me permitió visitar su poblado, con total seguridad. Aquel joven, no había tenido oportunidad de recibir un entrenamiento adecuado, no había tenido un Rho que lo guiara y posiblemente fuera el último druida de toda Bretaña.
Me tomé las libertades para poder enseñarle cuanto sabía, le enseñé a dominar su poder, y le revelé todo lo que se ocultaba en las sombras.

El joven pasó a ser mi pupilo, y sin duda tenía un gran potencial. Por desgracia, no tuvo un Rho que lo guiara, y al parecer, su despertar fue muy desagradable.                                                                      

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Fue entonces cuando las tribus de la zona de Escocia comenzaron a llevar campañas militares y recuperar sus territorios, a pesar de muchas incursiones romanas, los britanos mantuvieron su éxito.

Curiosamente, en aquella zona no había influencia Notola, al menos al principio, a medida que los años pasaban, los Romanos traían consigo a Notola de nivel inferior o medio.
Durante unos años me dediqué a la formación de Merlín hasta que se volvió independiente a mí, comenzó a llevar a cabo sus propias expediciones junto a los Caledonios, empezó a alejarme del conflicto y un día regresó lleno de odio y rencor.

Sentí la influencia Notola en él.

Traté de convencerlo, de hacerle ver que se estaba equivocando, que su camino era erróneo, pero él no quiso escucharme, me culpó por todas las guerras que se habían librado en su tierra, por las muertes de su tribu, afirmó que la llegada de romanos había sido orquestada por mí, quedó tan ciego por aquella influencia Notola, que me atacó:

Merlín había concluido en que, si yo moría, los romanos caerían también. Mis palabras no llegaban a él, y no se le ocurrió nada mejor que atacarme con conjuros.

Como norma general, establecí (como costumbre en Egipto) que nunca se debían usar conjuros contra todo aquello que no fuera Notola, pues la conjuración interactuaba con la energía cósmica, o dicho de otro modo, con el alma del individuo.

Esa era mi norma, la única norma que imponía. 
Vi la mirada de Merlín, consumida por un odio irracional, fruto de algún Notola que lo consumía. Tuve que confrontarlo. Merlín no era lo suficientemente poderoso como para derrotarme y se vio obligado a huir.

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Lo perseguí, y le di alcance en pleno campo de batalla, donde las tropas romanas dirigidas por el emperador Septimio Severo libraban una sangrienta batalla contra los nativos.
En el lugar, un Notola alimentándose del dolor de las tropas y aumentando su poder.
Merlín se unió a los suyos y comenzó a atacar a los romanos con sus conjuros. 
Por mi parte, no me posicioné en  ningún bando, pero protegí a los romanos de aquellos conjuros. 
Merlín, me insultó, me gritó, me llamó traidor. Yo pude ver como el Notola incrementaba más y más su poder, y como influenciaba más y más a Merlín. 
Preocupado por el gran incremento de poder, y viendo que Merlín no recapacitaría, tomé una decisión drástica:
Por primera vez en mi vida, decidí realizar una proyección de mi alma al completo.
Las energías de mi interior fueron rodeando mi cuerpo poco a poco, hasta que finalmente, todo mi cuerpo era energía.
Adopté la forma de un enorme ave fénix, con una cola de gran tamaño, unas alas enormes. La energía que me conformaba adoptaba la forma de plumas cubriendo aquel nuevo cuerpo. 
En ese momento, era un ente de energía, como los Rho y los Notola. Pude ver el miedo en los ojos de Merlín y a pesar de ese miedo, seguía atacándome con insignficantes conjuros que no lograban dañarme. 
El Notola se lanzó a atacarme y yo cargué contra él. 
En la carga, literalmente pulvericé al Notola, a Merlín y a todos los soldados que estaban en el área.

Cuando recuperé mi cuerpo, la batalla había concluido.
Rompí mi propia regla, quemé el alma de soldados, no a propósito, fueron daños colaterales pero eso no me quitó la culpa.
Terriblemente apenado por mis actos, decidí exiliarme de Britania.
Nuevamente, adopté aquella forma astral y volé por el cielo sin un rumbo fijo.  


Nammu                                                                                                   3

Historia creada por: becro

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